Intoxicaciones en bebés


Durante los primeros meses del bebé es muy difícil que se produzcan intoxicaciones, a no ser que, sea debido a la administración equivocada de un medicamento, o al preparar la papilla o biberón del pequeño al introducir algún tóxico en lugar de agua. Aunque si puede darse un caso muy peculiar, la intoxicación por polvos de talco, que aunque no es muy habitual, siempre hay que estar preparado para saber cómo actuar si se produce.

La intoxicación con polvo de talco puede ocurrir, cuando cambiando a nuestro bebé, de forma accidental inhala o ingiera este producto. El síntoma más común ante la intoxicación con polvos de talco, es la dificultad para respirar. Pero también se pueden dar: irritación de ojos, oídos, nariz y garganta, disminución de gasto urinario en forma considerable, problemas gastrointestinales como vómitos o diarrea. Si la intoxicación es mayor, puede darse problemas en pulmones, corazón, desmayos, convulsiones, dolor torácico, tos, insuficiencia respiratoria, fiebre o somnolencia, entre otros síntomas. En la piel del bebé pueden salir ampollas, sarpullidos o descamación.

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En cualquiera de estos casos, es conveniente acudir al médico inmediatamente, y mientras se espera a la atención del médico, procurar que el niño respire aire fresco. Aunque se trate de un hecho poco probable, has de tener en cuenta que la intoxicación por polvos de talco, es un problema muy serio, y depende de la cantidad de tóxico ingerido por el bebé, por lo que nunca debe tomarse a la ligera.

Cuando los niños son más mayores, y ya empiezan a gatear o andar por toda la casa, la mejor forma de evitar la intoxicación es su prevención. Lo ideal será evitar que los niños tengas fácil acceso a los productos tóxicos, ya sean medicinas, productos de limpieza o de higiene y aseo. Habrá que alejar estos productos del alcance de los niños, colocándolos en un sitio alto o bajo llave.

Las intoxicaciones más comunes se deben a la toma de medicamentos, productos de limpieza, cosméticos, pesticidas e insecticidad, pinturas, disolventes e hidrocarburos, bebidas alcohólicas, e incluso, a la ingesta de plantas. ¿Cómo debemos proceder?:

· Si la intoxicación se debe a la ingesta de productos químicos, los síntomas suelen ser vómitos, babeo continuo, dolor de garganta, ardor de boca, fiebre, hinchazón de boca y labios, y dolor de pecho. En este caso, no hay que provocar el vómito, para que el producto tragado no vuelva a pasar por la laringe. Debemos administrar al niño un neutralizante, ya sea agua, leche, clara de huevo o aceite vegetal, para diluir el producto. Y acudir de forma inmediata al médico, con la etiqueta o el envase del producto que se ha ingerido.

· Si la intoxicación se debe a la ingesta de medicamentos o bebida alcohólica, el síntoma más notable es la somnolencia o conducta extraña, en algunos casos también se presenta el dolor abdominal. En estos casos, si es conveniente provocar el vómito, para limpiar por completo el estómago del niño, excepto en aquellos casos en el que pequeño haya quedado inconsciente o sufra una enfermedad neurológica. Posteriormente, acudir al hospital.

· Cuando se produce una intoxicación cutánea, es decir, cuando es un producto corrosivo el que ha penetrado por la piel, no debe dejar de darse importancia. Puede deberse a productos tóxicos como insecticidad, pesticidas o determinados ácidos. Pueden o no aparecer erupciones o lesiones en la piel, y del mismo modo deberemos acudir al médico.

· Si no sabemos el motivo de la intoxicación deberemos acudir al hospital, de inmediato, con todos los medicamentos que tuviéramos en casa al alcance del niño. Cuando hables con el médico deberás comentarle qué síntomas ha presentado el niño, el tiempo que ha transcurrido, qué cantidad ha tomado y si finalmente ha vomitado o no. El médico será finalmente, quien determinará qué tratamiento a seguir según cada caso.



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