No quiero ir al colegio
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Es bastante probable que alguna vez hayas oído la expresión: “No quiero ir al colegio” o similar, “No quiero ir a deportes”, “No quiero ir a la piscina”, etcétera. Lo primero que tendemos a pensar es que el niño lo dice por rebeldía, pero no tiene por qué ser así siempre. Poniéndonos en su lugar, como adultos, cuando no nos gusta hacer algo, simplemente tendemos a dejar de hacerlo, sin pensar en la razón por la cual ya no nos gusta, y tratamos de posponerlo o sustituirlo por otra actividad. En el caso de los niños cuando no les gusta ir al colegio o cualquier otra actividad a la que estén apuntados, no les dejamos opción para abandonarla, lo que puede llegar a generar mucha angustia, tanto en los padres, como en los hijos, provocando que a veces, se nos cierren las puertas y no sepamos qué hacer al respecto.
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Cuando el niño dice que no quiere ir al colegio, lo primero será buscar la razón. Siempre existe una razón por la que un niño no quiere ir a la escuela, no tiene que ser simple rebeldía, aunque lo parezca. Nuestro trabajo, como padres, es poner en palabras lo que está sucediendo y buscar una solución. Además, esta actuación le enseñará al niño a entender, a poner en palabras lo que siente y a solucionar sus problemas.

Ante las posibles causas por las que el niño no quiera ir al colegio, se encuentra la frustración ante algunas materias o asignaturas que le son muy difíciles o, incluso a veces, puede suceder al contrario, que pueden ser muy fáciles, por lo que se aburre en clase y se frustra por no poder continuar con algo que le represente un reto. También puede suceder, que el niño esté pasando por mucho estrés escolar por algún compañero que lo molesta, que no esté pudiendo relacionarse como le gustaría con sus compañeros de clase, o que la maestra no le caiga bien.

Suele suceder que, como padres, nos interesamos más en las calificaciones, dejando a un lado la experiencia escolar y el aprendizaje de vida que conlleva. Esto suele acarrear que niño preocupe más por las notas obtenidas, olvidándose de que el colegio no es sólo un lugar donde aprender, sino también donde jugar, pasárselo bien y relacionarse con sus compañeros. Por nuestra parte, no debemos fijar toda nuestra atención a las notas, también debemos hablar y dialogar con nuestros hijos sobre todo aquello que les preocupe y aquello que les motive. También, has de tener en cuenta, que los niños aprenden por el ejemplo que les demos, por lo que si nos ven interesados en cualquier tema, ellos también se involucrarán más en él.

Para que el niño no se agobie más de la cuenta, con los deberes que tiene que hacer en casa, lo ideal será establecer una rutina diaria, en la que el niño sepa qué se espera de él, y sólo se modifique cuando exista una ocasión especial o fuerza mayor. De esta forma, el niño entenderá que todos los días tiene un tiempo de estudio, que únicamente tiene que dedicar a esas tareas, con lo que se acostumbrará a un horario y no se agobiará tampoco fuera de colegio.

Para terminar, debemos hacer entender a nuestros hijos que el colegio no es sólo un lugar donde va a aprender y a obtener buenas notas, también es un espacio lúdico, donde se enseñan valores y principios. Pero ante todo, recuerda que la comunicación con nuestros hijos es la clave para solucionar la mayoría de los problemas que puedan tener.



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